domingo, 7 de mayo de 2017

El lenguaje del abogado en sala en alegaciones o refutaciones.

La semana pasada hablando con un compañera letrada me comentó entre chascarrillos que tras asistir a un juicio en el orden social-laboral y finalizar su propia intervención con éxito para sus intereses, pudo observar atónita como el abogado de la parte contraria tuvo una intervención horrible durante la fase de la prueba testifical así como en la fase de las conclusiones. Resaltandome en este sentido su estupefacción por la actuación tan poco profesional desde el grado de la preparación y dedicación puesto en el caso por el compañero. Con un mayor agravamiento por las dificultades impropias a la hora de expresarse que manifestaba la compañera contraria. En este sentido, me comentaba que el abogado de la parte contraria no paraba de trabarse constantemente en sus intervenciones, haciendo un uso del lenguaje falto de elocuencia e impropio de alguien que se dedica profesionalmente al ejercicio de la abogacía y a la defensa de los derechos de terceras personas. Teniéndose que ser incluso advertido en reiteradas ocasiones por su señoría a la vista de su desatino. 
En este sentido, la verdad es que es sorprendente lo que podemos encontrarnos en sala. En ocasiones las sorpresas son gratas para bien, con un abogado contrario excelente de los cuales siempre puedes sacar algo en positivo para aprender. Sin embargo en otras ocasiones, podemos observar un absoluto despropósito y espectáculos más dignos de un plato de televisión de una gala de supervivientes, de los cuales podemos salir verdaderamente horrorizados. Es por ello, que recordando la conversación con la compañera, me acorde de un artículo que transcribo literal del blog de Oscar León, sobre el uso de la lengua por parte de los profesionales en sala y de vocabulario indispensable que debemos manejar tanto en fase de alegaciones como en fase de refutación. http://oscarleon.es/cuando-el-lenguaje-del-abogado-refuerza-o-debilita-el-alegato/ y que en resumidas cuentas comenzabas así:
“La lengua es un arma sin hueso atrapada entre los dientes“ Buda.

Refiere Enrique Martínez Lozano en su libro “Crisis, crecimiento y despertar de la existencia” sobre un experimento en el que a un grupo de personas se le pidió que observara una serie de palabras de tipo negativo que se les iban proyectando tales como imposible, complejo, insuperable, peligroso, desagradable, atemorizador; a continuación se les tomó una muestra de saliva. Poco después, se modificaron las palabras por estas otras: posible, superable, accesible, capaz, valioso, y se les volvió a tomar la muestra. Los resultados fueron notables: en el primer ejercicio el grupo presentó un marcado aumento de cortisol (hormona del estrés), mientras que en el segundo se produjo  un descenso.
Una de las conclusiones del ensayo afirma que el lenguaje no solo describe, sino que además crea realidades, pues afecta a nuestras emociones y a nuestro estado de ánimo, de modo que un mensaje plagado de palabras con una connotación negativa no serán bien acogidas por el receptor y viceversa (y de eso saben muy bien en publicidad). Lo más sorprendente es que esta no es una cuestión de nuestra parte consciente, sino que es nuestro inconsciente el que, a partir del lenguaje, genera unas emociones positivas o negativas. No hemos de olvidar que las palabras que conforman el lenguaje son una fuerza; son el poder del que disponemos para expresar y comunicar lo que pensamos, lo que sentimos. En definitiva, son la expresión de nuestra intención en cada momento en que las pronunciamos.
Todo lo anterior nos lleva a la importancia que puede tener la selección de las palabras que vayamos a emplear en nuestro informe oral, valor que radicará en la forma en la que el juez, destinatario único del mismo, lo percibirá.
Pero, vayamos por partes.
Dentro de la fase argumentativa del informe oral pueden distinguirse dos partes bien definidas: la argumentación de nuestra propuesta de defensa y la refutación de la contraria (ésta última puede ser anticipada si informamos antes, o posterior, si lo hacemos al final). Lógicamente, a través de la argumentación el abogado trata de persuadir al juez de la bondad de sus argumentos, mientras que durante la refutación, se tratará de restar valor a los argumentos de contrario.
Por lo tanto, en un contexto en el que el abogado trata de persuadir al juez de la conveniencia de su propuesta, es lógico pensar que si le hacemos llegar nuestro mensaje de una forma agradable, favorable, suave, es decir, empleando palabras que refuercen el mensaje y le den un impacto positivo, este será recibido probablemente con más atención e interés (ya decía Quintiliano que “el ánimo abraza mejor lo que oye con gusto”). Por el contrario, si lo que tratamos es de transmitir la inconveniencia de determinados argumentos, qué duda cabe que si lo hacemos en un contexto verbal preñado de expresiones desagradables, negativas y que debiliten el mensaje (el mensaje refutado, claro está), habremos conseguido, con independencia de la argumentación, crear un contexto poco propicio para la recepción del mensaje.
Partiendo de lo anterior, proponemos que a la hora de elaborar el informe oral, cuando nos dediquemos a preparar las dos partes de la argumentación, seleccionemos claramente el lenguaje que vamos a emplear, distinguiendo entre argumentación y refutación, práctica ésta que estimo no es nada difícil, pues el trabajo se limitará a incluir algunos sustantivos, verbos, adverbios o locuciones en el lugar clave que corresponda. De esta forma, dispondremos de un informe estratégicamente diseñado para impactar en uno u otro sentido, en función de las palabras empleadas.
A modo de ejemplo, y para nuestra argumentaciónpodríamos usar las siguientes palabras:
-          Claro, preciso, coherente, uniforme, acreditado, probado, demostrado, objetivo, recto, directo, fácil, sencillo, comprensible, lógico, entendible, conciso, verdad, certeza, argumentado, honesto, fiel, razonado, solvente, favorable, lineal, ordenado, previsible, concatenado, conclusión, centrado, justicia, ecuanimidad, equidad, neutralidad, probidad, rectitud, conciencia.
para la refutación, estas otras:
-          Oscuro, tergiversado, entramado, incoherencia, deslavazado, disperso, subjetivo, parcial, sinuoso, inveraz, interesado, falto de…, huérfano, carente de…, carencia, omisión, olvido, adornado, hojarasca, sin fondo o contenido, improvisado, desacreditado, difícil, complejo, ilógico, incomprensible, falacia, infiel, desfavorable, perdido, retórico, hostil, injusticia, atropello, abuso, componenda, sinrazón, podría ser, creo que, pienso que…podría decirse que…
Para concluir, hemos de realizar una precisión. El uso del lenguaje que hemos examinado tiene una exclusiva finalidad estratégica en el contexto de la exposición de nuestros argumentos y refutación de los contrarios; ahora bien, en modo alguno ello puede autorizar el empleo en sala de un lenguaje para insultar, culpar, reprochar, etc., o un lenguaje desagradable, arrogante, tosco, sarcástico, irónico, etc., pues en tales casos estaremos siendo irrespetuosos frente al compañero, la parte contraria y frente al propio juez, lo cual es deontológicamente inadmisible, sin perjuicio de que este lo verá como muestra de pocos recursos o de escasa preparación.
De lo que se trata en definitiva es de atacar la argumentación adversa desacreditándola o debilitándola respetando a la persona y al profesional.